Tres décadas después, todos los viernes aún son santos

El cine tijuanense es impensable sin la influencia de Todos los viernes son santos (1996), de Héctor Villanueva. Se dice comúnmente que es el primer largometraje de ficción en Tijuana. ¿Y si se desempolvara un estreno anterior para volver "historiográficamente" incorrecta la afirmación? Poco importaría: la afirmación es históricamente verdadera. La película tiene, como ninguna otra, ese estatus mítico de tótem fundador del cine en la ciudad. Es como si hubiera condensado un conjunto de potencias estéticas que lo mejor de la tradición audiovisual tijuanense ha sabido retomar y expandir. Dentro el "canon" audiovisual de la ciudad, todas las películas son "santificadas" por ella. A veces me gusta imaginar, como hipótesis aleatoria, que Todos los viernes son santos es una película virtual que inició hace treinta años y sigue manifestándose a través de las mejores producciones de cine y video en Tijuana.

Lo cual no deja de sorprender por una sencilla razón: no es fácil de conseguir. Por décadas circuló entre cassettes y DVDs piratas. "Autopiratas", incluso. Pues cuántos podemos decir que vimos una copia "quemada" y regalada por el propio Héctor. (Yo se la pedí sin conocerlo por allá del 2009 en La Casa de la 9, al finalizar una retrospectiva de cortos de Bola 8, colectivo que Héctor cofundó en los noventa*, y al día siguiente, afuera de un Calimax, me dio en un DVD con "TVSS | VHS | 1996" escrito en sharpie rojo.) Se trata de una milagrosa circulación que, a pesar de lo hiperunderground, ha dejado una influencia transgeneracional evidente.

La película presenta un falso reportaje sobre una serie de asesinatos que ocurren cada viernes en la ficticia ciudad de Torrecitas, "el sexto municipio de Baja California". Se trata de una urbe döppelganger que recrea, bajo su disfraz figurativo, las relaciones sociales que en ese entonces daban forma a Tijuana (con guiños al resto del estado): las maquiladoras transnacionales, los turistas norteamericanos, los dólares cotidianos, los discursos mediáticos, la comunidad estudiantil y cultural, etcétera. Sin embargo, la película no solo es espejo que reflejó el presente de la ciudad fronteriza, sino también bola de cristal que entrevió su futuro, como la violencia sistemática y la paranoia social que generó. Incluso se habla de "la muerte del japonés", un empresario maquilador asesinado uno de los viernes fatales, como después ocurrirá con la muerte de Celso Nishikawa en 2008, ampliamente cubierta por los medios en el pico de la mal llamada Guerra contra el Narco. El carácter predictivo de la película es otro de sus milagros.

Estas premoniciones son señales de que Todos los viernes son santos es una película que le pertenece al porvenir. También así lo evidencia su sentido del humor. No solo su ironía no mengua, sino que incluso parece que el tiempo hace más efectiva su sátira. Por eso este viernes 23 de octubre celebraremos las pasadas tres décadas y las muchas más que vienen de Todos los viernes son santos. Se proyectará la película a las 6 pm en el Teatro Rubén Vizcaíno Valencia, en la UABC, donde se estrenó hace treinta años, y después tendremos un conversatorio con Héctor Villanueva, además de los comentarios de Javier Hernández Quezada y Diego Hernández. Estaré de moderador en la mesa y ustedes, espero, de público en las butacas. Ahí nos vemos.

(* Debo aclarar que el colectivo Bola 8, que menciono en mi texto, fue cofundado colectivamente. Lo integraron —según las fuentes que he consultado— Héctor Villanueva, Salvador Ricalde, Mauricio Ramos, Salvador Vázquez, Octavio Castellanos, Juan José Aboytia, Karla Martínez, Ricardo Moreno, René Gardner y Gonzalo González. Después se sumarían: Sergio Brown, Omar Foglio, Iliana Jiménez, José Luis Martín, Itzel Martínez, Iván Díaz y Julio Álvarez.)

 


Décimo aniversario del Seminario Permanente de Teoría Contemporánea (SPTC)

Hoy se cumplen 10 años (¡diez años!) de que Karla Villapudua, Conrado Pardo Eudave y yo inauguramos el Seminario Permanente de Teoría Contemporánea. Lo hicimos impulsados por la necesidad de actualizar los referentes, conceptos y preguntas en la filosofía, las humanidades y las ciencias sociales en la ciudad de Tijuana, con un especial énfasis en autores vivos y publicaciones de este siglo.

La tarde del 19 de marzo de 2016 presentamos nuestro primer taller: "Filosofía tras las Torres Gemelas". Nuestra apuesta consistía en que la teoría contemporánea podía ser evaluada a la luz de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, el verdadero inicio del siglo XXI. "Puede llamarse contemporáneo", dice Giorgio Agamben, "sólo aquel que no se deja cegar por las luces del siglo y es capaz de distinguir en ellas la parte de la sombra, su íntima oscuridad". Es así que decidimos leer a cierta teoría contemporánea que supo sostener la mirada en el oscuro vacío del "Ground Zero", así como en el desastre que vendría en su nombre: el terror de la "Guerra contra el Terror". El 9/11 nos sirvió como discernimiento teórico: por un lado, qué significó el siglo XX para el pensamiento y, por otro, qué luces y sombras abre el siglo XXI. Por eso también fue tan importante para nosotros el hospedaje que nos brindaron Melisa Arreola y Mónica Arreola en 206 Arte Contemporáneo. A fin de cuentas, a ambos proyectos nos convocaba lo contemporáneo, tanto en la práctica artística como en la práctica teórica.

Durante mi periodo como parte del proyecto, entre 2016 y 2020, crecí intelectualmente como pocas veces, especialmente influido por el diálogo colectivo. Realizamos cursos, charlas y conferencias (además de las fiestas y posadas) sobre arte, política, ontología, entre otros temas, con un pie puesto adentro y otro afuera de la academia. Y este estatus "paracadémico" nos permitió funcionar como interfaz para una diversidad de perfiles: profesionistas y estudiantes (incluso de preparatoria), artistas e ingenieros, jóvenes y padres/madres de familia, además de filósofos, arquitectos, comunicólogos, psicoanalistas o literatos. Todos reunidos igualmente por una genuina curiosidad intelectual, aportando a la discusión desde su propia perspectiva.

Para conmemorar esta década de la fundación de SPTC, les comparto un archivo de las actividades que realizamos. El documento compila, además de los volantes y archivos periodísticos o mediáticos, una parte del amplio registro fotográfico de Paty Torres, María José Crespo, Mariel Miranda, Jill Marie Holslin, Sarah Sinuosa, entre otras personas (excepto por la última foto, que nos tomó Majo y que es un pilón para este post solamente :P). Muchas gracias a todas ellas y a quienes contribuyeron al proyecto de diversas maneras: invitados, conferencistas, asistentes recurrentes, así como distintos espacios que nos recibieron, especialmente a 206 Arte Contemporáneo.

*ARCHIVO: https://www.academia.edu/165234004/Seminario_Permanente_de_Teor%C3%ADa_Contempor%C3%A1nea_SPTC_Archivo_de_actividades

Reseña de Inland Empire (David Lynch, 2006)

 

El miércoles pasado murió el gran David Lynch, un cineasta que se las arregló para hacer popular al avant-garde y que con los años he apreciado de forma especial. Estos días, a modo de homenaje, he estado repasando poco a poco su filmografía. Comencé con Eraserhead (1977) e Inland Empire (2006), su primera y última película, pero también sus dos obras más difíciles (arguably) y las dos que tenía más olvidadas de él (las vi hace muchos años, al inicio de mi cinefilia). Creo que conecto más con el Lynch que toma como punto de partida un marco narrativo más estable para luego suspenderlo en un espacio pesadillesco, de un modo que solo él sabe, pero pude apreciar en Inland Empire una exploración del tiempo que no había captado antes en su cine. Les comparto mi reseña de Inland Empire, que además sirve para presentarles mi cuenta de Letterboxd. Desde el inicio del año, he estado registrando ahí las películas que veo. Me resisto a ponerles calificación, pero escribo notas sobre algunas. Mi plan era presentarles mi cuenta al final del año, pero hoy David Lynch hubiera cumplido 79 años y toca celebrar su cine, así que aquí va una reseña de la que es quizá su película más extraña: boxd.it/8wcP6b

Filosofía y cine con Gilles Deleuze
II. La imagen-tiempo

 

Para pensar la imagen directa del tiempo, Deleuze gustaba de citar a Hamlet: "The time is out of joint". Ese tiempo sin goznes, fuera de quicio, es para el filósofo la forma pura y vacía del tiempo. "El gozne, 'cardo', es lo que asegura la subordinación del tiempo a los puntos precisamente cardinales por donde pasan los movimientos periódicos que mide", explica en Diferencia y repetición (1968). "El tiempo fuera de sus goznes significa, por el contrario, el tiempo enloquecido, […] exento de los acontecimientos que formaban su contenido, tiempo que invierte su relación con el movimiento, en una palabra, el tiempo que se descubre como forma vacía y pura".

En La imagen-tiempo, 17 años después, Deleuze afirma que el cine moderno nos da esta imagen en la que "el tiempo pierde los estribos y se presenta en estado puro". Es un cine que ya no trata al tiempo como contenedor de acontecimientos o epifenómeno del movimiento, sino como forma vacía y pura que vale por sí misma. Una imagen-tiempo directa.

Pero ya el cine clásico anticipaba esta imagen y un tiempo enloquecido merodeaba entre los movimientos aberrantes del montaje clásico. "La imagen-tiempo directa es el fantasma que siempre acosó al cine, pero necesitaba el cine moderno para dar un cuerpo a ese fantasma". Y esta fantasmagoría de la imagen-tiempo es más apropiada si recordamos que Hamlet exclamó "The time is out of joint" luego de que el espectro de su padre lo acosara con la promesa de su venganza. En cierto sentido, el cine moderno cristaliza la promesa espectral de la imagen-tiempo y le da un cuerpo a su virtualidad fantasmal.

El próximo mes iniciamos un análisis deleuziano de este cine moderno. Resumiremos La imagen-movimiento (1983) para luego revisar La imagen-tiempo (1985) junto a lecturas y películas citadas por Deleuze y material complementario, además de una clase con el Dr. Marcus Novaes sobre cine e infancia. La asistencia al diplomado es gratis y la constancia se entrega por solicitud al aprobar el curso y pagar el trámite (sin costo para estudiantes y profesores de la UMSNH).

INSCRIPCIÓN:
https://forms.gle/GxTJUXWzruAJnJTg7



 

 

Poéticas de lo real
(convocatoria y charla)

Del 21 al 24 de noviembre estaré coordinando un coloquio sobre filosofía contemporánea del arte ("Fronteras actuales entre estética y ontología"). En los próximos días subiré el programa completo a este enlace: https://bit.ly/coloquioontologia


 
El mismo día que inicia el coloquio, también se inaugurará la exhibición artística colectiva "Poéticas de lo real". La convocatoria para participar en esta exhibición cierra el 7 de noviembre y está dirigida a cualquier persona que sea estudiante, docente o egresada de cualquier carrera de la UABC. Las propuestas pueden ser de cualquier disciplina y deben entregarse por este formato: https://bit.ly/convocatoriapoeticas



Finalmente, quisiera invitarles a una charla-taller que he preparado para promover la convocatoria y que se realizará en la Facultad de Artes este lunes (salón 12b) y miércoles (salón 204), de 2 a 4 pm. El lunes platicaré brevemente del coloquio y de la convocatoria, además de que daré un poco más de contexto filosófico y artístico a las líneas temáticas sugeridas para la exhibición. Y el miércoles se hará un taller grupal para ideas o propuestas que quieran considerar para la convocatoria.
 

Ojalá sean eventos de su interés.

Nota sobre la finale de Succession

Siempre me pareció que una clave para leer Succession está en su desproporción entre el descomunal complejo corporativo y el íntimo melodrama familiar. Como resultado de este cruce, la transnacional Waystar Royco aparece como pequeño negocio de familia y las pueriles riñas de hermanos devienen disputas históricas por la corona real. 

Porque es cierto que la serie se inspira en el drama shakespeariano de las familias monárquicas, algo en lo que insiste tanto el apellido mismo de la familia "Roy" como las referencias explícitas a Shakespeare en los diálogos. Pero también es cierto que Succession reconoce la comedia marxiana de la burguesía oligárquica, cuyo sistema económico socava irónicamente sus propios valores morales ("La burguesía ha desgarrado el velo de conmovedor sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones monetarias", decía el Manifiesto). 

Sin embargo, esto no significa que la serie afirme, con el Manifiesto en la mano, que en el mundo capitalista todo lo sólido se desvanece en el aire y todo lo sagrado es profanado. Más bien, Succession quiere demostrar que el sólido bloque de clase se fragmenta y recompone en el aire, mientras que la sagrada familia capitalista se sostiene y expresa en lo profano.

Y si esto es así —si la sólida clase se recompone en el aire y la sagrada familia se expresa en lo profano— es porque el capital financiero se presenta, ante todo, como un bricolage de sistemas mixtos. Moralidades conservadoras, valores liberales, innovaciones tecnocientíficas y exabruptos reaccionarios organizan sus alianzas en las mesas directivas de un complejo metaestable, no libre de tensiones violentas y contradicciones pragmáticas. Y Succession supo sacar provecho de estas tensiones y contradicciones del bricolage financiero contemporáneo: primero que nada como tragedia aristocrática y luego también como farsa capitalista. 

Por eso hay algo de apropiado en que la "sucesión" del poder corporativo se haya resuelto, en la finale de este domingo, por un comprador extranjero que tomó al yerno del viejo patriarca como su mano derecha ("American CEO"). Es decir, la sagrada familia monárquica de los Roy no se desvanece en el aire precisamente, sino se recompone de forma fragmentaria en alianza (directa o indirecta, voluntaria o involuntaria) con las fuerzas profanadoras del capital extranjero. 


En cambio, la figura trágica de Kendall deviene finalmente fársica al insistir, dentro del núcleo mismo del mundo financiero, en el supuesto modelo tradicional de sucesión monárquica. "I am the eldest boy!", grita (escupiendo) desesperadamente a sus hermanos, que ríen no solo por lo ridículo del argumento de sucesión por primogénito, o las infantilizantes palabras que eligió para defenderlo, sino porque incluso es factualmente erróneo, pues hay un hermano mayor (Connor, ignorado por default en la serie) y además un rumor (recordado por Roman) de concepción por inseminación artificial con semen comprado. 

Succession muestra la alta esfera corporativa como un ensamblaje complejo con una composición de clase de pluralidad anacrónica, pues es capaz de tomar, en medio del acelerado y cambiante mundo financiero, elementos de la jerarquía aristocrática y su estructura familiar en la medida en que salgan a flote entre los choques de intereses, a veces violentos, que surgen al interior del mismo bloque capitalista.

Cómo reventar la desesperanza:
Reseña de How to Blow Up a Pipeline por Andreas Malm

La ideología tiene como fin último la resignación y no hay ámbito de la vida social contemporánea donde haya tenido más efectividad que el de la crisis climática. El problema simplemente resulta demasiado abrumador y los aparatos ideológicos han preferido ignorar los datos o insistir en que una solución de raíz es imposible. El modelo civilizatorio de energías fósiles, con apenas dos siglos y medio, se nos presenta ahora como esencialmente inalterable. Es más fácil imaginar el fin del mundo, dice el viejo refrán teorético. Y, ante este panorama, el espíritu pesimista parece surgir de forma espontánea, casi natural.

En su último libro, Andreas Malm encuentra este derrotismo ideológico en diferentes formaciones teóricas contemporáneas, desde el fatalismo climático de Roy Scranton, hasta la ecología profunda de McBay, Keith y Jensen o la ecología oscura de Timothy Morton. Estos autores, cada uno con diferentes grados y propósitos, se presentan como predicadores de la mala nueva: "Estamos condenados" (Scranton), así que mejor "deja de lado tu último y feroz sueño de ese valiente levantamiento de millones de personas" (McBay, Keith, Jensen) y reconoce que "eventualmente una pesadilla puede volverse tan horrible que empiezas a reír" (Morton). Incluso la sátira Don't Look Up (2021), a pesar de sus buenas intenciones, refuerza esta misma risa pesadillesca como última satisfacción en medio de la distopía. Vemos entonces que el imperativo ideológico de nuestros tiempos no solo demanda que abandones el sueño utópico, sino que además lo hagas "aprendiendo a gozar en el antropoceno".

Por eso Cómo reventar una tubería: Aprendiendo a luchar en un mundo en llamas (2021) es una valiosa excepción al derrotismo dominante en la actualidad. Parafraseando sus capítulos, Malm nos propone "combatir la desesperanza" de los discursos fatalistas, con el fin de "romper el hechizo" de la resignación ideológica y, quizá sobre todo, "aprender de las luchas pasadas" para reconsiderar las estrategias presentes del activismo climático. A estas alturas de la catástrofe y tras décadas de protestas climáticas sin consecuencias, el libro sugiere diversificar tácticas y experimentar con el sabotaje estratégico de la infraestructura de energías fósiles. No como la solución ideal o panacea, tampoco como acto terrorista (pues no atenta contra ninguna vida), sino como un recurso de emergencia para la acción directa ante la indiferencia de las corporaciones, la ineficacia de las autoridades y el fracaso del activismo estrictamente pacífico.

  
Las noticias apenas ayer y hoy.
 
A pesar de lo que su título podría sugerir, Cómo reventar una tubería no es ningún manual general a seguir, sino que es una invitación abierta a inventar. Y, aunque maneja el arte estilístico del manifiesto, no es un programa definido, sino una pregunta urgente con una respuesta colectiva por crear. No es casualidad que, a poco más un año de su publicación, se haya estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto 2022 (con próximo lanzamiento comercial) una película homónima de ficción que dramatiza las ideas del libro a modo de una heist movie o película de atraco, en la que un grupo de jóvenes revientan una tubería de petróleo en Texas. Como al parecer lo entendieron director y guionistas de la película, el libro es fundamentalmente un reto a la imaginación política y exige que esta imaginación esté a la altura de las actuales condiciones de la emergencia y de cada contexto o ámbito de acción. 

La catástrofe climática es una crisis sin precedentes y que se agrava exponencialmente, con afectaciones dispares por todo el planeta. Contra la impasibilidad cómplice de corporaciones fósiles y estados nacionales, el libro de Malm hace un convincente llamado a la experimentación militante y a la búsqueda inventiva de una praxis teóricamente articulada, históricamente nutrida y tácticamente inteligente. La eficacia simbólica del activismo pacífico es importante y tiene sus alcances políticos, pero no solo de sopa de tomate vive la protesta. Y "aprender a luchar en un mundo en llamas" significa también, como en luchas pasadas, diversificar frentes y estrategias. La desesperanza generalizada a estas alturas de la crisis debe "reventarse" con una robusta y variada lucha organizada.

 

LIBRO EN ESPAÑOL:
https://drive.google.com/file/d/1R-GhNZelKPd28RJCJGd8k_XPyONcBxG6

LIBRO EN INGLÉS:
https://drive.google.com/file/d/1lf7zVPdaZGbQOdV2znYWv0qvG1dH2FqP

The Rehearsal y sus cortocircuitos entre ficción y realidad

The Rehearsal (HBO, 2022- ) es un reality show creado por Nathan Fielder que se propone ayudar a la gente a tomar decisiones difíciles, o tener conversaciones incómodas-pero-necesarias, a través de la actuación ficticia de las variables posibles de la situación.

El episodio piloto, por ejemplo, ensaya los caminos que podría tomar la conversación en la que un concursante de trivias en un bar confiesa a una amiga de su equipo que hace años le mintió sobre su grado académico. El jardín de senderos se bifurca en los diagramas de probables escenarios que se muestran en la pantalla de Nathan, desde la resolución ideal hasta la complicación más desastrosa.

Sin embargo, con el avance de los episodios, queda claro que en la serie hay en realidad dos tipos de "ensayo". Está el que prepara para escenarios futuros, que es la premisa inicial de la serie; pero también está el que recrea escenarios pasados.

En el primer caso, la ficción busca actualizar –con mayor o menor suerte– el futuro siempre virtual. Sus diferentes posibilidades son obsesivamente anticipadas, clasificadas y actuadas, para saber navegarlas cuando llegue el momento y llevarlas al mejor puerto.


En el segundo caso, la ficción sugiere virtualidades –en su momento insospechadas– del pasado ya actualizado. Normalmente es de sucesos que no se esperaban, para saber comprenderlos a posteriori desde nuevas perspectivas subjetivas e incluso a través de resoluciones alternativas.

Y, en medio de estas ficciones prospectivas y retrospectivas, la serie genera un tiempo desajustado, out of joint, enrareciendo los límites del presente en una puesta en abismo de ensayos futuros y pasados.

Pero lo sorprendente no es que el reality show se revele como ficción falsificadora o manipuladora (desmitificación inofensiva para una serie como esta), sino que las ficciones de sus ensayos sean capaces de darnos una realidad espectral: ni plenamente efectiva (actual), ni meramente posible (virtual).

En este sentido, el llamado "Método Fielder" es un cortocirtuito entre realidad y ficción. "Si tu actuación no es precisa", explica Nathan sobre su método, "puedes arruinar la vida de alguien". La ficción, entonces, no es externa a nuestra realidad, sino que la habita peligrosamente y amenaza con arruinarla. La ficción abre un hueco de irrealidad en nuestro mundo y esta fisura ontológica puede ser fuente de ominosidad, pero también de comedia.

Recordemos que Nathan Fielder viene de la comedia de improvisación. Su serie anterior, Nathan For You (2013-2017), fue un reality show para Comedy Central. Pero The Rehearsal explora más el humor callado del absurdo que se muestra como doble de lo cotidiano.

Este particular tono cómico está menos en la línea paródica de Nathan For You y más en el estilo quirky de How To With John Wilson (2020- ). Esta serie documental –en la que Nathan Fielder es productor ejecutivo– pretende resolver un problema cotidiano (por ejemplo, "How To Cover Your Furniture"), pero encontrando resoluciones absurdas (como duplicar tu mueble para guardar el original en una bodega) y aprendizajes morales en el camino.

Pero The Rehearsal también tiene ecos con otros giros dramáticos de la comedia, como en Barry (2018- ), de Bill Hader, actor que se formó como comediante en Saturday Night Live. La serie trata de un asesino a sueldo que quiere ser actor y debe sostener dos profesiones que no dejan de cruzarse: la actoral (donde se enamora de una colega actriz) y la criminal (que no logra dejar atrás). Barry aprovecha las asimetrías entre la ficción encantadora del teatro y la realidad última del asesinato para sugerir su humor absurdo.


Esta distinción (aunque sea vaga) entre ficción y realidad, teatro y vida, show y reality, permite también los cruces ominosos y cómicos en The Rehearsal, pero –y a partir de aquí vienen spoilers importantes de la temporada, sobre todo de su finale– la distinción parece más decididamente borrosa en el caso de Remy, un niño de 6 años contratado como uno de los varios actores que interpretarán en diferentes edades a "Adam", hijo ficticio de Angela en el ensayo de su potencial maternidad, que pronto se vuelve también ensayo de la posible paternidad de Nathan.

En el último episodio de la primera temporada, luego de que Angela abandona el ensayo, Nathan decide continuar el suyo y sus convivios con Remy como "Adam" hacen lazos afectivos profundos en el pequeño, cuyo padre real está ausente en su vida. Remy ignora la frontera entre ficción y realidad y se refiere a Nathan como "daddy" dentro y fuera del show, cuestionando la finalidad del juego ficcional.

Hay que recordar que Nathan cayó casi accidentalmente en un ensayo que no le correspondía (para sustituir a un participante que dejó el ensayo en su primera noche) y ahora, tras el abandono de Angela, se pregunta de pronto seriamente sobre su posible paternidad. Toda la primera temporada parece ser una travesía inesperada de Nathan que comienza con el deseo del otro (la maternidad de Angela) y termina, como en banda de Moebius, confrontando el enigma de su propio deseo.

Tratando de evitar esta confrontación, Nathan realiza una ficción retrospectiva más, con los diferentes momentos en los que convivió con Remy, pero ahora con distintos escenarios. En una ficción actúa como padre distante y frío ante los cariños de Remy. En otra ficción aparece una actriz como Angela para mediar en la relación simbiótica entre Nathan y Remy.

Otra ficción más la realiza con un actor adulto como Remy, por lo que su edad y profesionalismo refuerzan la distinción entre realidad y ficción. Y la última ficción la lleva a cabo con un muñeco que, por supuesto, no distingue entre realidad y ficción, pero que tampoco tiene una subjetividad que implique algún riesgo ético.

Todas estas ficciones alternativas, que buscan atenuar el violento traslape subjetivo que Remy introdujo entre ficción y realidad, muestran por qué Remy es el personaje más importante de toda la temporada. Él es el único que de verdad lleva a su extremo lo que está en juego en la serie: que la realidad se vea alterada radicalmente por la ficción. Que la ficción no sea mera mentira o solo un opuesto de la realidad, sino una verdadera transformación posible. Remy, que encarna este deseo disimulado (¿inconsciente?) de la serie, hace que Nathan enfrente la posibilidad de su paternidad como un lugar de ficción simbólica y, por eso mismo, de consecuencias reales.

Ya antes Nathan había explorado esta paternidad en el ensayo como espacio simbólico desde donde se espera que inculque a su hijo su tradición religiosa, el judaísmo. Como Angela (ferviente cristiana) no acepta una educación judía para "Adam", Nathan entonces decide llevarlo a escondidas a la sinagoga y a clases de judaísmo.

Al enterarse de este conflicto no resuelto con Angela, la madre de Nathan identifica un patrón en su hijo, que luego el mismo Nathan reconoce en su relación con Angela: “Tengo la tendencia de dejar que mi pareja tome las riendas y las decisiones como modo de evitar el conflicto”, confiesa Nathan.

A lo largo de la serie, la paternidad se va asociando con la tradición religiosa y la autoridad en pareja. Nathan no solo se enfrenta con un “ser o no ser” un buen padre, sino también un buen judío y un buen jefe de familia. La elección se presenta en paquete y estas implicaciones parecen pesar sobre Nathan.

Por eso resulta sintomática la resolución del último episodio de la temporada. Luego de platicar seriamente con Remy sobre la distinción entre ficción y realidad, la madre de Remy le asegura a Nathan que su hijo estará bien. Nathan, todavía no convencido, le pregunta cómo sabe: “Solamente sé”, responde. “No sé cómo explicarlo; es algo que no sabrás hasta que tengas un hijo, si lo tienes”.

Entonces Nathan decide ponerse en el lugar de la madre de Remy y actuar, junto a otro niño, desde el proceso de casting del show hasta las pláticas serias con Remy para que deje de llamar daddy a Nathan. 

En la última ficción retrospectiva de la temporada, Nathan se dirige como madre al niño que actúa como Remy y le dice: “Está bien si te confundes, está bien si te pones triste, porque no importa lo que experimentes nos tenemos a nosotros y siempre estaré contigo, porque soy tu papá”. El niño, sorprendido por el lapsus, murmura: “Espera, pensé que eras mi mamá”. Con ojos llorosos y tras una pausa sentimental, Nathan responde tajante: “No, soy tu papá”.

La confusión inocente de Remy desemboca entonces, luego de la deriva ficcional, en una transformación subjetiva de Nathan y una resolución inesperada de su impasse. Nathan asume en su ensayo la posibilidad de un nuevo lugar paterno, al que llega no por la autoridad simbólica tradicional-religiosa, sino por la vía ficticia de la maternidad. Aparentemente por accidente, la última ficción retrospectiva como madre de Remy se convierte en una ficción prospectiva sobre su renovado sentido de paternidad.

¿Paternidad genuina o fingida? Muy probablemente la escena entera, incluyendo su lapsus, estuvo planeada para el show y Nathan –con un talento dramático que no le habíamos visto– está a fin de cuentas actuando. Pero para este punto la serie ha superado la oposición simple entre lo genuino y lo fingido. Como diría el poeta de Lisboa, Nathan es un fingidor y en su show finge tan completamente que hasta es capaz de fingir que es paternidad la paternidad que quizá de veras siente.

Nathan afirma –desde una ambigua, pero emotiva, convicción subjetiva– la misma paternidad que Remy reclamaba y así The Rehearsal cierra su primera temporada reconociendo, como demandaba antes el niño, las posibilidades abiertas en ciertas formas de convergencia entre la ficción y la realidad.