Tendría yo unos siete años cuando una noche mi hermana mayor me puso a escuchar música. Me pidió algo que yo nunca había considerado importante hasta ese momento: "Escucha la letra de la canción". Por alguna razón que desconozco, a mi hermana, ya adolescente, le había llamado la atención "La puerta negra", de los Tigres del Norte (supongo que algo tuvieron que ver las obvias connotaciones eróticas de la historia), así que le puso play en el estéreo de la casa, pidiéndome toda mi atención. Después se puso a hacer algunas interpretaciones que ella consideraba importantes. Aquello fue casi un prematuro y muy básico análisis narrativo-simbólico de la pieza (que los significados de la puerta, que la intensidad de la trama, etecé). Para mí fue como una pequeña epifanía. En algo tan cotidiano como una canción había una red narrativa que en ese entonces, y a mi edad, creía bastante compleja. A partir de aquel día, escucharía ese mundo narrativo de las canciones que nunca había atendido.

En ese entonces vivíamos en unos apartamentos cercanos al puente de la 5 y 10. El estacionamiento de la planta baja era como el patio de juegos de todos los niños del edificio. Pasaba horas enteras al día en ese lugar. Justo enfrente de las rejas había un local comercial de agua potable. Casi todo el día los empleados del lugar ponían música a todo volumen. Un día pusieron "Un indio quiere llorar", de la Banda Machos (sí, era un contexto bastante norteño en el que vivía), y la escuché de principio a fin recordando la lección de aquel día. Hay que recordar que la canción comienza contando la historia de un indio que no puede olvidar a su pareja pasada. Pero eso era lo de menos para mí. Un tema bastante quemado. El momento que me dejó impactado fue la última estrofa que aún recuerdo de memoria: "Él no la puede olvidar / y su tristeza me mata / porque ese indio soy yo". Era como esas películas donde al final te cambian todo. Mi primera experiencia con el uso "experimental" (permítanme el término) de la voz narrativa. El paso brusco de la tercera a la primera persona fue lo que me dejó varios días asombrado. Estaba yo tan impresionado con la canción que unos días después que preguntaron a todos en el carro que con qué canción desearían que los enterraran yo escojí sin pensarlo que ésa, la de "Un indio quiere llorar". Mis hermanos habían elegido las típicas canciones pop-románticas del momento, además yo estaba "muy pequeño" para elegir canciones tan "profundas y serias", así que mi decisión trajo tanta risa y carrilla en todos que aún ahora me recuerdan ese momento.

Ahora que recuerdo todo esto me da mucha risa, pero durante aquellos días, sin saberlo, me estaba entrenando a analizar relatos, a estudiar su forma narrativa. Fueron de esos momentos que algo en tu manera de percibir las cosas cambia. Mi hermana, Los Tigres del Norte y Banda Machos fueron, ¿por qué no?, mis primeros maestros de análisis narrativo.

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