¿Cómo redescubrió Žižek la crítica de la ideología? Crítica de la metacrítica de H. Yépez


En días recientes, a través de la plataforma Co_Laboratorio_de_Crítica (https://colabdecritica.com), el escritor Heriberto Yépez ha estado publicando artículos sobre el trabajo de algunos críticos de arte para pensar el ejercicio mismo de la crítica. La serie –que el autor describe en redes sociales como una “metacrítica” de arte– es algo así como un post-libro que postea sus capítulos en la medida en que van terminándose. En apenas dos semanas, el “libro” ya tiene cinco ensayos –recomiendo particularmente el primero, sobre Modos de ver, de John Berger– y además acaba de revelar su título (¿tentativo?): La crítica: Cómo es.


Su tercer texto, publicado el pasado lunes 20 de abril, se titula “Cómo Zizek des-cubre y re-cubre ideología” [1]. En él hace una revisión de cómo el filósofo esloveno Slavoj Žižek analiza la dimensión ideológica de las obras de arte, tomando como muestra los análisis de las películas Titanic (James Cameron, 1997) y They Live (John Carpenter, 1988) que presenta en su documental The Pervert’s Guide to Ideology (Sophie Fiennes, 2013). Además, Yépez aprovecha esta metacrítica para abordar “algunos fundamentos” de la crítica de arte heredada del marxismo y su crítica a la ideología.


Los puntos más polémicos del texto tienen que ver con los sesgos de género y raza que encuentra en los análisis de estas películas, es decir, elementos “ideológicos” que Žižek no considera (o “re-cubre”). Esta situación hace que Yépez se pregunte al final del texto qué pasaría con la crítica (tanto del arte, como de la ideología) “si dejamos hundir, si empujamos incluso al fondo, al hombre blanco” —haciendo referencia a la escena post-créditos en la que Žižek parodia el hundimiento de Jack congelado en Titanic. “Sin una autocrítica radical”, dice Yépez, “no puede continuar ninguna crítica existente. Sin esta autocrítica, la crítica preservará sus ideologías endémicas o sus nuevas mutaciones ideológicas”.

En general, más allá del espíritu provocador de su conclusión, no me parecen desatinadas las observaciones particulares que hace Yépez sobre los aspectos problemáticamente desatendidos en los análisis žižekianos de Titanic y They Live. Sin embargo, creo que el texto fracasa en dar cuenta de la teoría general que sostiene epistemológicamente la crítica de Žižek. Es decir, esta metacrítica hace una lectura fallida del caso metacriticado, confundiendo su modelo teórico con un tipo de tradición marxista y crítica de la ideología que simplemente no corresponde con la del esloveno.

En este sentido, es importante observar que al cierre de los años ochenta, cuando Žižek aparece en la escena académica internacional, la “crítica de la ideología” de la tradición marxista ya estaba en relativo desuso, se sentía anacrónica. La ideología alemana no tenía buena reputación teórica (hasta Karl abandonó a ese primer Marx), los avances del freudomarxismo en Frankfurt perdían fuerza (tras la muerte de sus teóricos) y se daba un progresivo abandono de la crítica estructuralista de Althusser (sobre todo luego de que asesinó a su esposa). Esto sumado a un escepticismo teórico generalizado hacia el marxismo que pareció consolidarse con la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS.

Entonces, definitivamente cabe preguntarse: ¿qué fue lo que hizo Žižek para redescubrir la crítica a la ideología y ponerla de nuevo al centro del debate en su plena crisis teórica? A esto me refiero con el subtítulo de este texto: La condición de posibilidad –“crítica” en su sentido kantiano– para una metacrítica a Žižek implica comprender cómo este reinventó la crítica a la ideología precisamente a través de una “autocrítica radical” de los modelos tradicionales del marxismo (a los que el texto de Yépez intenta asociarlo). Si no hay claridad en este punto, poco puede hacerse para “hacer hundir” la teoría metacriticada.

Una primera clave para entender el redescubrimiento žižekiano de la crítica de la ideología es que su apuesta consiste justamente en dejar atrás la noción de “falsa conciencia” del joven Marx y el mecanismo del “des-cubrimiento” ideológico que se asocia a esa tradición crítica. Toda metacrítica a Žižek que no tenga esto en consideración arriesga a “preservar la (teoría de la) ideología endémica” a esta misma tradición. Y como el modelo del “des-cubrimiento” es abandonado por Žižek a través de la enseñanza de Lacan, entonces conviene comenzar con un comparativo general entre el psicoanálisis planteado por Freud y la relectura radical de Lacan.


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Quizá no sea demasiado problemático pensar que Freud tenía una concepción del procedimiento de análisis como “des-cubrimiento” de lo inconsciente. Por lo tanto, como diría Yépez, que el psicoanálisis freudiano “opera hermenéuticamente”. Y una crítica de arte que se desprenda del psicoanálisis tendría la misma operación de “des-cubrimiento” de un contenido inconsciente. Yépez lo pone en estos términos: “Para que puede realizarse una interpretación hermenéutica —ya sea de un sueño o una obra artística— debemos creer que en la pieza hay significado, independientemente de si los públicos lo perciben o no”.

Así, en cierta lectura del psicoanálisis freudiano, lo inconsciente puede ser pensado como un contenedor de representaciones reprimidas que el análisis saca a la luz de la consciencia. En este sentido, tenemos una espacialidad simple que distingue un adentro y un afuera, como en la famosa (o infame) metáfora del iceberg que se suele usar para explicar la “primera tópica” freudiana: lo consciente visible afuera del agua, lo inconsciente invisible adentro del agua y lo preconsciente adentro del agua, pero cerca de la superficie[2].


Para Lacan, en cambio, el análisis no consiste en ningún des-cubrimiento, pues el inconsciente –“estructurado como un lenguaje”– se presenta en un encadenamiento significante sin ningún “significado” oculto por des-cubrir. Incluso no se trata de un inconsciente “interno” y “personal” que se expresa a través de la “externa” discursividad sociosimbólica del lenguaje, sino que está en juego otra espacialidad, no euclidiana, más cercana a las superficies no orientables de la topología. Así, el inconsciente tiene que ver menos con el infame iceberg que con la llamada “banda de Möbius”: superficie continua con una sola cara, sin interior-exterior.


Por eso, desde Lacan, no se trata de oponer al inconsciente “personal”/interior con otro “colectivo”/exterior (que fue la tentación de Jung y es también la de Yépez en su texto), sino que el inconsciente está en el mismo campo –en la misma superficie de Möbius– que el orden sociosimbólico.[3] En otras palabras, en vez de un inconsciente personal y otro colectivo, el sujeto del inconsciente es siempre-ya “éxtimo”. Opera entre el descentramiento del yo y el malestar en la cultura.

Esta reformulación lacaniana es aprovechada por Žižek para entrecruzar psicoanálisis y marxismo de una nueva manera, definitivamente distinta del freudomarxismo de Reich, Marcuse y otros. Incluso este fue el gesto fundacional con el que Žižek se presentó hace tres décadas a la discusión teórica global con la publicación de El sublime objeto de la ideología[4] (1989), su primer libro escrito en inglés.

El primer capítulo del libro se titula “¿Cómo inventó Marx el síntoma?” (que se ha vuelto un clásico de la teoría crítica contemporánea) y ahí argumenta que el análisis de las mercancías en Marx se adelantó al análisis de los sueños en Freud en un aspecto: “En ambos casos se trata de eludir la fascinación propiamente fetichista del ‘contenido’ supuestamente oculto tras la forma”[5].

Así, por ejemplo, Žižek nos recuerda la advertencia de Freud en La interpretación de los sueños: “En el fondo, el sueño no es más que una forma particular de nuestro pensamiento […]. Es el trabajo del sueño el que produce esa forma, y sólo él es la esencia del sueño”[6]. Y, antes de Freud, Marx reconoció que el llamado “fetichismo de la mercancía” no radica en el contenido de nuestros pensamientos, sino en la forma de nuestras relaciones sociales: “Cuando los individuos usan el dinero, saben muy bien que no tiene nada de mágico”, dice Žižek. “El problema es que en su propia actividad social, en lo que hacen, las personas actúan como si el dinero, en su realidad material, fuera la encarnación inmediata de la riqueza en tanto tal”[7].

Lejos tanto de la simbología onírica antigua como de la economía política clásica, Freud y Marx nos entregan modelos teóricos que no consisten en una hermenéutica que des-cubre el contenido oculto detrás de las apariencias, sino que se queda con las apariencias para comprender el trabajo de su forma (el “trabajo del sueño” en el inconsciente) y la forma de su trabajo (la “subsunción formal” en el capitalismo). Entonces, en esta interpretación antihermenéutica de Freud y Marx, la forma no oculta un “contenido”, ni es ella misma un “mensaje”, sino que es una estructura significante (sin “contenido”) que es capaz de producir efectos de sentido, lo cual no es lo mismo (este punto es complicado, pero me parece que se aclarará en el transcurso de este texto).

Así, Žižek desprende de esta lectura del psicoanálisis y del marxismo las condiciones para una nueva crítica de la ideología, incluso en oposición abierta a la teoría explícita de la ideología en el joven Marx. Esta nueva crítica de la ideología intenta “eludir las metáforas simples de desenmascaramiento, de correr los velos, que se supone que ocultan la desnuda realidad”[8]. Más aún cuando en estos tiempos que corren la forma ideológica tiende a enunciar sus intenciones abiertamente, con poco o nada que des-ocultar. Los tradicionales modelos críticos de “desenmascaramiento” no tienen efecto en la actual época cínica (como Sloterdijk reconoció en su Crítica de la razón cínica). Es necesario inventar otro tipo de lecturas críticas de la ideología.


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Entonces, si el “des-cubrimiento” es rechazado como mecanismo interpretativo por Žižek, ¿cuál es el modo de lectura que caracteriza a su crítica? Una primera hipótesis es el reverso. No es casualidad que haya incluso memes que reconozcan como estereotipo el giro argumental žižekiano por excelencia: “But what if the opposite is true?


Pero la operación del “reverso” no debe pensarse como una inversión que vuelve manifiesto lo oculto, sino como un envers en su sentido lacaniano[9], es decir: como el paso de un discurso a otro o un reacomodo de las relaciones. La interpretación žižekiana no es un descubrimiento hermenéutico de un mensaje profundo sino un remontaje discursivo que da cuenta de una estructura significante.

Entonces, incluso cuando Žižek habla en términos de algo “oculto” en algún discurso, es más bien un “oculto a plena vista”, al modo de la carta robada en Poe. Cabe notar, por ejemplo, el énfasis que Žižek hace en La guía perversa de la ideología sobre la duración de algunas escenas analizadas: los “ocho o nueve minutos” de la “irracional” pelea en el callejón en They Live o los “tres minutos” del “obsceno” canto de “Climb Every Mountain” en Sound of Music. Igualmente, la “referencia de forma abierta” en los comerciales de Coca Cola o el gesto evidente con el que Rose “empuja” a Jack al fondo del mar en Titanic.

La interpretación de Zizek no des-cubre un mensaje oculto tras las apariencias, sino que reconoce que lo “oculto” está ya en las apariencias mismas. Por lo tanto, si quitas las apariencias, pierdes precisamente lo “oculto” que intentabas des-cubrir.[10] Entonces, no se trata de correr las apariencias sino recorrerlas de nuevas maneras. Y esto nos lleva a otro nombre que podría describir su mecanismo interpretativo: la “paralaje”.


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La paralaje es un término de la física óptica que define el aparente desplazamiento de la posición de un objeto cuando se cambia el punto de vista. En su libro Transcrítica: Sobre Kant y Marx (2001, traducido al inglés en 2003 y aún inédito en español), el filósofo japonés Kojin Karatani toma el concepto para discutir el problema kantiano de las antinomias no en términos de una elección entre dos posiciones mutuamente excluyentes sino de la brecha misma que las pone en “paralaje” (y, según el autor, Marx toma esta vía para pensar al valor en el capitalismo)[11].

Luego de publicar en 2004 una entusiasta reseña sobre este libro, Žižek tomó el concepto de Karatani como bandera cuasi-metodológica en Visión de paralaje (2006) para explicar los términos en que su teoría entrecruza el idealismo alemán, el materialismo marxista y –quizás sobre todo– el psicoanálisis lacaniano.

Para explicar este concepto, Žižek utiliza un ejercicio etnográfico analizado por Lévi-Strauss en Antropología estructural, en el que dos grupos distintos de la tribu Winnebago dibujaron un mapa de la disposición de sus viviendas. Ambos grupos comienzan dibujando un círculo, pero uno de los grupos (el “revolucionario-antagonístico”, dice Žižek) agrega una línea divisoria en medio, mientras el otro (el “conservador-corporativo”) agrega otro círculo dentro.


El argumento de Žižek es que esta contradicción no se resuelve ni con un “relativismo cultural” que valide ambas opciones, ni con un “registro objetivo” que revele la correcta disposición de las viviendas, pues en estas resoluciones se pierde lo que los dos mapas tienen en común: una brecha irrepresentable en la tribu (su antagonismo social) que cada mapa intenta simbolizar de forma fallida. Esta brecha la entiende como lo Real lacaniano y la visión de paralaje no hace sino ponerla en evidencia: “Más precisamente, lo Real es en definitiva el verdadero cambio de perspectiva del primero al segundo punto de vista”[12]. La traducción disponible al español de esta cita no ayuda mucho, pues originalmente Žižek dice aquí: “the very shift of perspective”. Es decir, lo Real es el cambio mismo de perspectiva. Entonces, su crítica de la ideología apunta no hacia el “des-cubrimiento” de una representación ideológica oculta, sino a este desplazamiento en paralaje que da cuenta de un Real irrepresentable.


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La guía perversa de la ideología nos ofrece un caso parecido para esta visión de paralaje en el análisis de Jaws (1975), de Steven Spielberg. Žižek señala que el aterrador tiburón en la película ha sido interpretado simultáneamente como “una amenaza extranjera sobre el norteamericano corriente” (la versión conservadora-racista) y como “una metáfora de la brutal explotación del gran capital sobre el norteamericano corriente” (la versión revolucionaria-anticapitalista, defendida incluso por Fidel Castro), además de otras interpretaciones que encuentran simbolizado en el tiburón “una multitud de miedos” (naturales, personales o sociales). “Así que, ¿cuál es la respuesta correcta?”, se pregunta. “Yo digo que ninguna de ellas y todas a la vez”. Es decir, necesitas de todas para recorrer la brecha no simbolizable que se produce entre ellas. Pero si Jaws puede pensarse como una película ideológica es porque nos presenta una Cosa/causa aparentemente neutra sobre la que se superan las contradicciones entre las distintas explicaciones.


De este modo, la operación ideológica básica consiste en simplificar las brechas, inconsistencias y antagonismos entre las diferentes explicaciones a partir de una sola Cosa/causa discursivamente domesticada para producir sentido (este es el modo en que Žižek lee la persuasión ideológica del antisemitismo en la Alemania nazi). En cambio, la crítica de la ideología insiste en las inconsistencias y antagonismos de estos discursos para suspender la eficacia simbólica de la hermenéutica ideológica.

Aquí conviene retomar el análisis que Žižek hace de Titanic y el comentario de Yépez al respecto. En un punto de su análisis, Žižek toma la relación entre Rose y Jack en Titanic como “una versión de un viejo y predilecto mito imperialista” en el que la clase alta recupera su vitalidad al absorberla de la clase trabajadora, como cuando Rose busca “reconstituir su ego” al pedirle a Jack que la dibuje desnuda. Por su parte, Yépez argumenta que la interpretación de Žižek “desdibuja la crítica feminista” y que convenientemente no observa “que la imagen de la mujer en la pintura elaborada por artistas masculinos es un reflejo de la propia mirada patriarcal”; en cambio, interpreta la escena donde Jack dibuja a Rose como “una fantasía de soft-porno”.

La observación de Yépez es pertinente y habla de sesgos patriarcales, que bien podrían ser tomados como “ideológicos”, en la interpretación de Žižek (“al mismo tiempo que se des-cubre cierta ideología se re-cubre otra”, dice en su texto). Sin embargo, lo que el comentario de Yépez deja fuera es el lugar que ocupa este análisis en la argumentación general del documental.

Žižek toma el análisis de Titanic para compararlo después con La caída de Berlín (1949), película soviética sobre la Segunda Guerra Mundial. En ambas películas hay una misma estructura: una catástrofe traumática es enmarcada en “la lógica de la producción de una pareja”, que es la principal operación ideológica considerada en el análisis de Žižek (lo del “mito imperialista” de Rose explotando afectivamente a Jack es un subcomentario a esta línea argumental).

Para Žižek, este es el funcionamiento general de la ideología: Un núcleo traumático (el hundimiento del Titanic, la Segunda Guerra Mundial o incluso las desgracias arbitrarias de Job que Žižek comenta al final del documental, pero también el antagonismo social en los Winnebago, etc.) es “domesticado” por un discurso ideológico que ofrece un “horizonte de sentido” (que en el díptico Titanic-La caída de Berlín es la relación de pareja). En cambio, la crítica a la ideología implica insistir en los restos asimbólicos de este núcleo, la Cosa sin sentido que toda ideología intenta enmarcar en su horizonte hermenéutico. Insistir en el residuo traumático de un discurso ideológico nos permite suspender su eficacia simbólica.[13]


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Entonces, La guía perversa de la ideología evalúa a Titanic como un discurso ideológico y a They Live como una operación relativamente tradicional de crítica de la ideología[14]. Pero si queremos dar un paso más en los argumentos de Žižek conviene revisar su análisis de la Himno a la alegría, el cuarto movimiento en la Novena sinfonía de Beethoven, pues encuentra en su estructura misma una crítica de la ideología que se aleja a la tradicional hermenéutica del des-cubrimiento y se acerca más a la del reverso y la paralaje.

Žižek inicia observando una situación curiosa: Himno a la alegría ha sido históricamente aprobada por la Alemania nazi, la Unión Soviética, la Revolución Cultural china, la extrema derecha en Rodesia del Sur (ahora Zimbabue), la extrema izquierda del Sendero Luminoso en Perú, la Alemania Oriental y Occidental, y hoy por la Unión Europea.

Esta paradójica “aceptabilidad universal” de la canción evidencia la operación básica de todo mecanismo ideológico: “Así es como debe trabajar toda ideología”, dice Žižek. “Nunca es solo su significado. Siempre tiene que funcionar como un contenedor vacío, abierto a todo sentido posible”.

Pero hay una “trampa” (catch): Esta neutralidad del contenedor “nunca es tan neutral como aparenta”. Y lo que Žižek llama el “gran genio” de Beethoven consiste en que su composición nos empuja a una visión de paralaje de su propio trabajo, pues el movimiento se desplaza desde el inicio “sublime” del Himno hacia su envers “carnavalesco” (min. 3:32) —regularmente ignorado por las apropiaciones oficiales enlistadas arriba. Eventualmente, la composición vuelve a su estilo “sublime”, pero –como dice Žižek en otro texto– “la simple dignidad solemne de la primera parte del movimiento nunca es recuperada”[15]. El argumento es que este desbalance no debe verse como un tropiezo de Beethoven sino como una forma estética que es ya en sí misma una crítica de la ideología:


La primera parte, que hoy se celebra falazmente –la escuchas en todos los eventos oficiales–, está claramente identificada con Beethoven como ideología. Y después, la segunda parte cuenta la verdadera historia de lo que trastorna la ideología oficial y del fracaso de la ideología oficial para contenerlo, para domesticarlo.

La “verdadera historia” de la primera parte es que coincide de forma inquietante (Unheilmlich, diría Freud) con la segunda parte. El Himno a la alegría nos hace recorrer aquella “banda de Möbius” para sorprendernos de pronto en el envers imposible de una única superficie. Y si la segunda parte “trastorna” la eficacia simbólica de la primera es justamente por este reacomodo inesperado de los elementos que suspende su articulación ideológica.

Así, el análisis del Himno a la alegría es útil para contrastar otro argumento en el texto de Yépez, pues este caso permite deducir cierto ideal estético en Žižek que no coincide con el que Yépez resume como la “crítica de arte marxista” (en la que ubica a Žižek).

Para Yépez, “si el contenido de la obra coincide con la ideología des-cubierta, y si la forma en que la ideología se encubrió coincide con la forma de la obra, entonces, no hay obra de arte, sino mera obra ideológica”. Y agrega: “Este tipo de crítica de arte marxista, por cierto, tiene la ventaja de poder des-cubrir ideología al mismo tiempo que corrobora cuáles obras son arte verdadero y cuáles no consiguen serlo”.

Sin embargo, para Žižek –a diferencia de esta “crítica de arte marxista” a la que Yépez lo asocia–, las verdaderas obras de arte no lo son por ser menos ideológicas (en su “contenido ideológico” y en su “forma de encubrimiento”). Más bien, lo son porque nos hacen desplazar nuestra perspectiva convencional para reconocer desde un nuevo ángulo los mecanismos ideológicos dominantes. Una verdadera obra de arte nos hace atravesar los significantes ideológicos, pero rearticulados fuera de su horizonte ideológico[16]. Así entonces, Žižek nos sugiere que una verdadera obra de arte es un “ensayo de crítica de la ideología” –como afirma respecto al Himno a la alegría–, pero una crítica entendida como reverso y paralaje, no como hermenéutica.


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Para ir concluyendo, quisiera agregar que coincido parcialmente con otros puntos expuestos en el texto de Yépez. Veamos una de sus observaciones:

Zizek no tiene mucho que decir de los aspectos estéticos, propiamente artísticos, de las obras que comenta. Frecuentemente habla desde su gusto, pero reduce las obras a símbolos de debacles libidinales e ideológicos. En este sentido, es un crítico de arte más bien burdo, en quien la crítica de arte queda subsumida por la crítica de la ideología. 

Con pocas excepciones (la más interesante en relación al cine es The Fright of Real Tears), esto es cierto. ¿Desafortunadamente? Pues eso depende. Si queremos buscar en Žižek un crítico de arte, sí. Él mismo reconoce que, incluso cuando aborda al cine o al arte, no hace crítica de arte inmanente[17]. Su relación con el arte suele ser instrumental respecto a un punto teórico o político, para explicar a Lacan, Hegel o Marx o para entender algún impasse social. Otro punto de Yépez es el siguiente:

Privilegiar al cine en los años noventa, cuando la imagen-en-movimiento globalmente era regida por MTV y los videojuegos, era ya nostálgico. Y seguir privilegiando cine en el siglo XXI, cuando YouTube y las redes sociales han vuelto a reconfigurar nuestra relación con el video, evidencian que mantener al cine (la película) hollywoodense como objeto representativo de lo psicosocial actual es un gesto anacrónico (¡ideológico!) de Žižek. Elige películas de Hollywood como emblema de la ideología de la imagen-movimiento en la era del video porno en línea, que es donde realmente cristaliza y se distribuye la ideología contemporánea.

En conferencias y libros de los últimos años, al menos parcialmente, Žižek parece haber entendido la necesidad de pasar del cine a los videojuegos y también a las series de (post)televisión (desde Pokemon Go, hasta series streaming de thrillers escandinavos), medios en donde dice encontrar el “espíritu” (hegeliano) de nuestra época —aunque nuevamente encontramos aquí el límite del uso instrumental de estas referencias para un punto teórico o político. Por otro lado, sus referencias a los mecanismos formales/ideológicos del “ciberespacio” y de la pornografía ya tienen más tiempo de aparecer recurrentemente en sus páginas. Sin embargo, es cierto que no son medios que trabaje con la centralidad que requeriría por su importancia actual en los mecanismos ideológicos dominantes; el cine de Hollywood sigue siendo su “herramienta” teórica-crítica predilecta.

Finalmente, podemos volver a los puntos más polémicos del texto de Yépez, que encuentran en los análisis de Žižek algunos sesgos de género y raza que “re-cubren” los sentidos patriarcales y coloniales de las escenas que comenta. A propósito de estos límites analíticos –como mencionábamos al inicio—, Yépez se hace una pregunta hacia el cierre de su ensayo: “¿Qué ocurre a la crítica de arte y la crítica de la ideología si dejamos hundir, si empujamos incluso al fondo, al hombre blanco? Esa es una de las grandes preguntas de nuestro tiempo”.

Si bien hay límites en el análisis žižekiano, y la crítica feminista y decolonial puede ayudar a ubicar algunos, solo podríamos ir más allá de estos límites evaluando la forma en que el propio Žižek fue más allá de los límites del modelo teórico anterior, no volviendo a las premisas epistemológicas de este (como la lógica del encubrimiento/descubrimiento) sin percatarse del anacronismo teórico.

Retomando la metáfora con la que Yépez cierra su ensayo: tal vez el “hombre blanco” luche por no hundirse en su dominio del marxismo mundial, pero en pleno siglo XXI la crítica como “des-cubrimiento” no alcanza ya para salir de la superestructura del Titanic que se hunde tras estrellarse con los límites del infame iceberg.

Para lograr una “autocrítica radical” a esta crítica žižekiana de la ideología y abrir así nuevos caminos a la crítica del arte, hace falta desmantelar la raíz epistemológica de sus estrategias de lectura (el reverso, la paralaje). Un cambio epistemológico de esta naturaleza es posible —a final de cuentas se ha logrado antes. Pero no puede prosperar sobre las bases conceptuales de un modelo crítico que lleva décadas yendo a pique.


[1] Yépez, H., “Cómo Zizek des-cubre y re-cubre ideología”, en Co_Laboratorio_de_Crítica, 20 de abril de 2020: https://colabdecritica.com/2020/04/20/sobre-zizek/ (citas de la consulta del 20 de abril de 2020).
[2] Cabe aclarar que, por más que se le atribuya insistentemente, Freud nunca usó esta metáfora en sus textos y su origen es incierto. Para más sobre este punto, consultar a Green, Christopher D., Where did Freud’s iceberg metaphor come from?, History of Psychology, vol. 22, núm. 4, 1999, pp. 369-372, DOI: https://doi.org/10.1037/hop0000135_b
[3] Más técnicamente: el sujeto del inconsciente es un vacío estructurado por la falta en el Otro.
[4] Žižek, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, México, 2007.
[5] Ibid., p. 35.
[6] Citado en ibid., p. 38.
[7] Ibid., p. 59.
[8] Ibid., p. 56.
[9] Lacan, Jacques, El seminario 17. El reverso del psicoanálsis 1969-1970, Paidós, Argentina, 2010.
[10] En términos de Lacan, “la verdad está estructurada como ficción”, y si quitas la ficción para revelar la verdad, pierdes la verdad que la ficción estructuraba.
[11] “The whole of the project—what I call Transcritique—forms a space of transcodings between the domains of ethics and political economy, between the Kantian critique and the Marxian critique. This is an attempt to read Kant via Marx and Marx via Kant, and to recover the significance of the critique common to both” (Karatani, Kojin, Transcritique. On Kant and Marx, The MIT Press, Estados Unidos, 2003, p. vii).
[12] Žižek, Slavoj, Visión de paralaje, Fondo de Cultura Económica, México, 2011, p. 39.
[13] Recordemos que, antes de la secuencia sobre Titanic, Žižek acababa de proponer una reivindicación de los residuos y la basura producida por el capitalismo. Y el vínculo con Titanic se hace posible en el montaje del documental precisamente porque, antes de la película, reflexiona sobre la fascinación y horror hacia los residuos del verdadero Titanic al fondo del mar como un “exceso” que, a pesar de la tentación a simbolizarlo, escapa toda metaforización. Por cierto, esta crítica de la ideología como antihermenéutica también la encontramos en su libro exprés sobre el COVID-19 (!) recientemente publicado, al reiterar que el virus es solo “un estúpido mecanismo de auto-replicación” que en realidad “no esconde ningún significado más profundo” (Žižek, Slavoj, ¡Pandemia! El COVID-19 sacude al mundo, So On In Spanish y Centro de Estudios de Orintación Psicoanalítica, 2020, pp. 63 y 13).
[14] La crítica de la ideología que ofrece They Live –como comenta Žižek– es apenas un mínimo gesto de inversión del paradigma tradicional: Ahora, para entender la realidad, no hay que quitarse los lentes ideológicos (des-cubrir) sino ponerse los lentes críticos (más para re-codificar que para re-cubrir). Y la escena de la pelea en el callejón –con el carácter racialmente problemático considerado de forma atinada por Yépez– es, por su parte, un remake del mito platónico del filósofo que, luego de salir a ver la luz, vuelve a la caverna para desencadenar a los otros, que se resisten a su propia liberación. Y hay que tener en cuenta que el mito de la caverna ha sido el paradigma milenario continuado por la tradición marxista de crítica de la ideología. Entonces, comenzar el documental con They Live como “una de las obras maestras olvidadas de la izquierda de Hollywood” (el mismo “marxismo de Hollywood” reconocido irónicamente en Titanic) puede pensarse más como el planteamiento del documental que su resolución. Sin bien Žižek no parece distanciarse de este modelo en su análisis, puede también pensarse como el punto de partida históricamente establecido para del debate sobre la ideología.
[15] Žižek, Slavoj, ‘Ode to Joy,’ Followed by Caos and Despair, The New York Times, 24 de diciembre de 2007, https://www.nytimes.com/2007/12/24/opinion/24zizek.html
[16] Esta es también la manera en que lleva al plano político la polémica noción lacaniana del “atravesamiento de la fantasía”, que Žižek hereda de Jacques-Alain Miller en sus años de formación en París.
[17] “Seamos honestos. En el 70 a 80 por ciento, yo diría, de las cosas que escribo sobre cine, no es en realidad de forma inmanente sobre cine. Ya sea que solo refiero a la historia o a la escena para ilustrar un punto teórico, o –un poquito mejor, pero aún no suficiente– simplemente uso al cine como herramienta para analizar nuestro dilema ideológico. […] Y creo que hay solo un par de veces donde tal vez hago algo más: algunos (no todos) de mis análisis de Hitchcock, lo que hice sobre Krzysztof Kieślowski, Dekalog y demás, algunas de las cosas que hice sobre Tarkovsky (aunque ahora soy más crítico sobre Tarkovsky) y tal vez un poco sobre Matrix y demás. Pero, más o menos, creo que es todo.” (https://youtu.be/2fGvvQ47MB4?t=233).

Nación Ruidosón (PDF)

Hace unas semanas, luego de un largo (LARGO) proceso editorial, por fin recibí ejemplares de Nación Ruidosón. Y quería darles la noticia cuando hubiera ejemplares en www.libreriauabc.com, se supone que el 13 de marzo. Pero hubo un retraso (otro más) y, ahora que una nueva secuencia de ARN anda suelta replicándose entre humanos, no veo para cuándo haya ejemplares disponibles.

Así que, justo hoy que se cumplen 11 años de la presentación oficial del ruidosón, decidí subir el libro gratis a la web, por si alguien quiere pasar su cuarentena leyendo sobre música electrónica fronteriza, imaginario nacional en la globalización, intertextualidad dialéctica, necropatriotismo y cosas por el estilo. Algunos años de investigación están puestos aquí, así que se agradece feedback y crítica de todo tipo.

👉 Libro completo: https://www.academia.edu/42274983/Naci%C3%B3n_Ruidos%C3%B3n_Incorporaci%C3%B3n_est%C3%A9tica_del_imaginario_nacional

👇 Portada, presentación e índice:











Nunca quietos, siempre inquietos: Sobre el 8M y 9M

La política y la sexualidad son ámbitos inquietos por definición. Parten del conflicto, sea lucha de clases, pulsión de muerte o [inserte el conflicto que habita, que le veo ahí muy quieto leyendo]. No hay estructura totalizadora o relación armónica que los aquiete. Por eso mismo, sus lugares son inestables y muchas veces ambiguos.

Pero esta inestabilidad o ambigüedad no desemboca necesariamente en un relativismo valetodo, sino que pone las condiciones de una ética (de lo) inquietante, cuyo programa definitivo es imposible y, sin embargo, movido por una pregunta impostergable: ¿qué hacer para inventar un real que sea vivible? Lo quieto estructurado ya no se sostiene. Se ha vuelto insoportable.

Ayer y ahora las mujeres nos sugieren una vía: enrarecer el semblante, alterar los regímenes sensibles. Antes ha habido manifestaciones y antes ha habido paros (con distintas causas y consecuencias), pero el contraste de la manifestación de ayer con el paro de hoy –que además interviene la frontera entre el domingo de descanso y el lunes de trabajo– destila a su mínimo el código binario que se filtra por el género y otras categorías para organizar la re/partición entre lo público y lo privado, lo laboral y lo doméstico, lo político y lo personal, el día y la noche. Así, el #8M y el #9M hackean con los cuerpos sexuados el lenguaje más elemental de la codificación social: 1 y 0, presencia y ausencia.

Entonces, mientras el orden establecido administra los feminicidios como business as usual o como excepciones morales de gente mala, y no como problema sistémico a arrancar de raíz, la reconfiguración sensible que ayer y hoy opera en las relaciones habituales abre un espacio de pensamiento e invención que reta los límites de cualquier programa(ción). Tomémonos el tiempo y la escucha necesarios para pensar-inventar un real que no solo inquiete el orden dado sino que también abra una posibilidad más allá de él.

La bolsa o la vida

Hay un ejemplo, conocido entre lacanianos, que ilustra el problema de la elección forzada: "¡La bolsa o la vida!" El asaltante pone las opciones y el asaltado decide qué entregarle. Pero si elige la vida, defendiendo su bolsa, entrega la vida y la bolsa.

"¿Liberar a Ovidio Guzmán o insistir en su captura?", se preguntó ayer AMLO. Como en el caso de arriba, la pregunta surge una situación en la que la "bolsa" ya estaba perdida: Liberarlo es entregar el Estado de derecho. Insistir en su captura es sacrificar un número incalculable de vidas con gran impunidad… entregando así el Estado de derecho que se intentaba defender.

Entonces, la especulación sobre cuál respuesta era la correcta pierde de vista que aceptar la pregunta es quedar alienado en un repertorio simbólico incuestionado. Por lo tanto, conviene tomar distancia y preguntarse: ¿Cómo fue que entramos a este oscuro callejón? ¿Cómo se instauraron las condiciones para la efectividad de esta elección forzada?

Por supuesto, las condiciones llevan consolidándose desde Calderón y la completa pesadilla que fue su sexenio. Pero también con las complicidades políticas y económicas globales antes, durante y después de Calderón. Y finalmente habría que sumar los "garrotazos al avispero" que AMLO tanto criticaba al PRIAN y hoy replica, solo para correr después e intentar convencernos de que su huida es muestra de una nueva actitud humanista ante la seguridad…

Esta vez, AMLO entregó el bolso y no la vida. Pero no se ve para cuándo el crimen organizado dejará de decidir el repertorio de elecciones.

Por lo pronto, el avispero sigue creciendo y las avispas se envalentan.

Necropatriotismo

Hace unos días por fin conseguí esta compilación en la que incluyen un capítulo de mi tesis de maestría. La compilación reúne ensayos sobre nuevas prácticas en arte, curaduría, pedagogía artística, crítica y medios digitales.

En mi texto reviso una corriente estética ignorada como tal por la crítica pero que es pieza clave para entender la música electrónica y arte digital de esta década en México. Aunque sin nombre oficial, se usó de forma efímera el término "necropatriotismo" para caracterizarla, pues a través de música e imágenes aborda los modos en que el patriotismo en México se ha aliado a la represión estatal, control mediático y violencia criminal.

Entre sus figuras no solo está el ruidosón (María y José, Los Macuanos, Santos, Siete Catorce, + visuales de Pecco), sino también el blog visual de Mexican Jihad, música y eventos del colectivo NAAFI, otros labels como Extasis, Lowers, Cocobass, Lalala4e o UFOria, rolas y videos de Ñaka Ñaka, Espectro | Caudillo, Jack' ie Lo o Zonzobot, el corto/docu/videoclip Ninis Héroes, además de varios flyers, GIFs, videos, pastiches glitcheados y fiestas politizadas. Una estética formada, por lo tanto, desde Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Hermosillo, Ciudad de México, pero sobre todo desde Internet.

Muchas gracias a María Torres por invitarme a la compilación.














***  L I N K S  (orden cronológico)  ***


"Memorandum Colosio" (2012), de Jack' ie Lo:
https://www.youtube.com/watch?v=B9Qh0pZtb1s

GIF con propaganda de EPN, por Pecco (2012):

"Ritmo de amor" (2012), de Los Macuanos (con intro de EPN):
https://www.youtube.com/watch?v=TlQfueazRL4

Los Macuanos en NAAFI: Ruidosón Electoral (2012):
https://www.youtube.com/watch?v=B2SLXbhzeTM

"Vuh" (2012), del EP 'Ñ' de Ñaka Ñaka:
https://www.youtube.com/watch?v=WsWledMyuV8

Link y video de la fiesta ESTADO (2012), en la Estela de Luz:


"Verdad" (2013), de Siete Catorce (con sonidos de Televisa):
https://www.youtube.com/watch?v=7r6xSsSzPis
"Rey de Reyes" (2013), de María y José:
https://www.youtube.com/watch?v=tXQrMDH_23w


"México: Año Cero" (2013), de Espectro | Caudillo y video de Pecco:
https://www.youtube.com/watch?v=1_Ul8jdaW1k

"Sangre, Bandera, Cruz" (2013), de Los Macuanos (con sample de Calderón):
https://www.youtube.com/watch?v=YDSw9n70OTE

"Ninis Héroes" (2013), dir. Joey Muñoz:
https://www.youtube.com/watch?v=AGLOMIAhmyw

"La balada de Enrique" (2014), de Zonzobot:
https://soundcloud.com/zonzobot/la-balada-de-enrique-1

Flyer de Algobierno: Fiesta Degenerativa Popular, after del festival All My Friends (2014):

"Plata o plomo" (2015), de María y José:
https://soundcloud.com/remezcla-nyc/maria-y-jose-plata-o-plomo

"Genealogía del poder" (2016), de Espectro | Caudillo:
https://lowers.bandcamp.com/track/genealog-a-del-poder-2

"El gatillero" (2017), de Santos:

"La siniestra extravagancia / Político pobre" (2018), de Espectro | Caudillo:
https://soundcloud.com/naafi/sets/espectro-caudillo-la-siniestra-extravagancia-politico-pobre

Ayer me enteré que un comandante en un pueblo de Jalisco al que le decían el Pato anduvo provocando con inventos a un matón que se llamaba León para que se peleara con un tío abuelo mío cuyo nombre era Jesús. El Pato no solo causó que León asesinara por la espalda a Jesús sino también que amenazara a muerte a sus hermanos, otros tíos abuelos míos, quienes decidieron huir al norte.

Uno de ellos vivió un tiempo en Tijuana (antes de cruzar a Estados Unidos con los papeles de ciudadanía de otro hermano, haciéndose pasar por este luego de que falleciera). Fue por esta razón que mi abuela escogió mudarse a Tijuana, con su hermano, cuando se separó de mi abuelo y se llevó consigo a varios de sus hijos, mis tíos.

Mi padre vivió su adolescencia con mi abuelo en Aguascalientes. Luego, de adulto, se mudó con mi abuela y tíos a Tijuana pensando en cruzarse eventualmente a vivir a Estados Unidos, pero decidió comerciar con ropa americana que llevaba al centro del país y joyas del centro que traía al norte. Así, cuando mi padre y mi madre se casaron, el negocio los ancló a estas tierras fronterizas.

En resumidas cuentas, se podría decir que soy de Tijuana por las mentiras de Pato, el asesinato de Jesús, las amenazas de León, la posibilidad latente del Sueño Americano y otros sucesos más que vinieron. Bifurcaciones, concatenaciones y ensamblajes que, sin ser siempre conscientes o individuales, dan forma a las condiciones de posibilidad que habitamos.

Nación Ruidosón:
10 años, 10 fragmentos

Hoy hace 10 años se presentó públicamente el ruidosón, un conjunto de proyectos que desde la frontera y con música electrónica + géneros regionales comenzaron a problematizar estéticamente lo que podríamos llamar el imaginario nacional mexicano. Los proyectos principales que lo conforman —Los Macuanos, María y José, Santos y Siete Catorce— han tenido una actividad muy intermitente en años recientes, pero en sus mejores tiempos el ruidosón significó una revitalización de la música fronteriza y la vida nocturna en Tijuana.


Próximamente está por publicarse en UABC un libro extenso donde analizo esta escena musical y su producción estética (resultado de una investigación de maestría en El Colef). El documento fue enviado a la editorial en septiembre pasado y ya tuvo corrección de estilo, solo faltan las galeras y mandarlo a imprenta, pero sospecho que el proceso se ha retardado por la deuda multimillonaria del Gobierno del Estado a la Universidad. De cualquier forma, mientras sale, les comparto diez fragmentos (y un pilón) para festejar los 10 años de ruidosón.

Índice del libro

1. Supe del ruidosón...
(de la "Presentación")

«Supe del ruidosón a inicios de 2011. Sus integrantes estaban por festejar el segundo aniversario de haber inventado una forma de creación musical colectiva con la que aún experimentaban. Por eso cuando titularon “¿Qué es el ruidosón?” el video promocional de la fiesta (con tintes de manifiesto) no solo pensaron en recapitular lo hecho sino también en especular sobre un potencial por descubrir. La pregunta del título se enunciaba en presente, pero se respondía en pretérito, apuntando al porvenir. Un “futuro anterior” muy apropiado para ese desajuste de tiempos históricos tan recurrente en su producción estética.

Supe del ruidosón a inicios de 2011, en Twitter. Queda claro que internet fue la condición de posibilidad de este proyecto musical. Sus canciones circulaban entre disqueras virtuales, blogs y redes sociales. Además, fueron generando una cohesión colectiva a partir de chats, posts, threads, tweets… y parties. Eventos públicos que a su vez promocionaban en la red, para pasar del internet a la fiesta y viceversa. Fue así que di con el video de “¿Qué es el ruidosón?” en el timeline de mi Twitter. Lo primero que me llamó la atención de ellos fue la forma clara y desenfadada en que comunicaban los conceptos que motivaban su música. Aparecían en el video dispersos entre Tijuana y California preguntándose sobre el sentido de seguir cargando con los espectros de una identidad nacional que en la frontera parece a la vez tan íntima y tan extraña. Además, me entusiasmaba personalmente haberme encontrado con una movida musical local que fuera sugerente y de mi generación. Luego de algún tiempo, decidieron borrar el video. Internet es inherentemente efímero, sí, pero también aprendí después que el ruidosón elude sus propias definiciones.

Supe del ruidosón a inicios de 2011, en Tijuana. Apenas había pasado el embate de violencia de 2008-2009, años que a pesar de todo no paralizaron a esta ciudad resiliente. Y años, también, en los que se fue gestando precisamente el ruidosón. La fiesta del Segundo Aniversario se realizó en la Bodega Aragón, un espacio seminal para el ruidosón en la Zona Centro de Tijuana. En pleno show decidieron leer, con micrófono en mano y música de fondo, algunos artículos del periódico Zeta, conocido por sus incisivos análisis sobre la corrupción y la violencia de la ciudad. Y al final pude platicar con algunos de los integrantes y fui conociéndolos más en fiestas e internet.»





2. Pero ¿qué es el ruidosón?
(de la "Introducción")

«El ruidosón es una escena musical que nace en la frontera entre Tijuana e internet. Los proyectos musicales que lo integran son María y José (Tony Gallardo), Los Macuanos (Moisés López, Moisés Horta, Reuben Torres), Santos (Héctor Luis Santos) y Siete Catorce (Marco Polo Gutiérrez). Aunque hay variantes en su configuración estilística, se caracterizan por componer música electrónica utilizando ciertos sonidos o ritmos de géneros regionales mexicanos. Por otro lado, con frecuencia refieren directa o indirectamente a lo que este libro designará como el “imaginario nacional”, es decir, al tejido de referencias (por ejemplo: géneros musicales, simbologías religiosas, contextos políticos, etc.) que nos permiten imaginar socioculturalmente el pasado y el presente de la nación.

Es importante aclarar que, aunque hay influencias mutuas, cada proyecto del ruidosón es singular y tiene sus peculiaridades muy definidas. A María y José lo caracteriza su propuesta lúdica, festiva y estilísticamente voluble, además de sus provocadoras narrativas líricas como cantautor, inspiradas primero en el catolicismo mexicano y luego en el contexto de violencia nacional. Los Macuanos han trabajado un proyecto más conceptual y oscuro, que al principio se apropió de sonidos folclóricos y más recientemente de sonidos industriales y militares, con una fuerte carga política. La música de Santos está pensada para la pista de baile, guapachosa y tenebrosa a la vez, con temáticas que abarcan de la seducción a la criminalidad, de la fiesta al Estado fallido. Y finalmente, Siete Catorce es dueño del ala más experimental del ruidosón, de la exquisitez formal, que aunque a veces aparenta abstracción pura, es quizá el proyecto más sentimentalmente cargado del ruidosón.

En resumen, podríamos caracterizar a las facetas del ruidosón como sigue: Siete Catorce ocupa el rol del formalista sensible; Santos, el hedonista atormentado; Los Macuanos, el intelectual contestatario; y María y José, el narcocatólico tropical. Sirvan estas credenciales como presentación inicial por afinar durante las siguientes páginas.
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3. En la frontera del imaginario nacional
(de la "Introducción")

«La escena musical ruidosón nació como concepto a finales de 2008, entre composiciones musicales y conversaciones virtuales, y debutó públicamente sus primeros proyectos en marzo de 2009. En ese entonces, la naciente escena se movía en territorios fronterizos. Antes de armar el ruidosón, algunos de sus integrantes ya organizaban “tocadas” de música electrónica en casas de San Diego y en algunos bares de Tijuana.

En este cruce fronterizo que resulta tan cotidiano en Tijuana, el imaginario nacional con el que cargamos se vuelve objeto de reflexión constante. Pero en el caso específico del ruidosón esto es aún más relevante. Casi todos los músicos del ruidosón han vivido en Estados Unidos en algún momento de su vida. La frontera como problema de la nacionalidad es, para decirlo con Víctor Turner, un “drama social” íntimamente vinculado a sus historias de vida que después se codificará, al menos indirectamente, en su música.

Entonces, los contrastes económicos, sociales, políticos y culturales que una frontera como la de México-Estados Unidos pone en evidencia hacen que el imaginario nacional de cada país se vuelva, en general, una experiencia a la vez ajena y personal. En buena medida, puede pensarse que esta mirada crítica y distanciada hacia el imaginario nacional mexicano en el ruidosón tiene connotaciones anticentralistas, en la medida en que la frontera suelen verse los estereotipos de la nación como productos de discursos articulados desde el aparato mediático y político de la Ciudad de México y del gobierno federal ahí instalado. El imaginario nacional en la frontera queda más claramente fuera de lugar que en otras partes del país, y el ruidosón explora estéticamente este desajuste.
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4. La cura ruidosón
(del "Capítulo 1")

El ruidosón es «una escena de música electrónica en Tijuana que suele incorporar (aunque no exclusivamente) géneros regionales mexicanos y temáticas relacionadas con el imaginario nacional. Esta definición ayuda como punto de partida, pero un mínimo trabajo de campo comprobaría su insuficiencia para explicar los criterios de inclusión-exclusión entre los músicos del ruidosón, la autodefinición de la propuesta conceptual, las metas u objetivos artísticos o la reflexión teórica de su producción estética.

Uno de los primeros hallazgos de esta investigación fue haber encontrado que estas complicaciones para conceptualizar al ruidosón se podrían resolver escuchando con atención las entrevistas en profundidad realizadas a los músicos, encontrando patrones retóricos en sus respuestas e interpretando estos patrones teóricamente. En otras palabras, había que tomar en serio la jerga coloquial que ellos mismos usaban a la ligera.

Uno de estos conceptos del slang fronterizo que todos ellos utilizaron de manera polisémica para hablar del ruidosón fue el de la “cura”. En Tijuana se usa el término “cura” en el sentido de “diversión, entretenimiento. Broma, guasa. Sentimiento de agrado o estado de satisfacción” (Martínez, 2007), pero también en el sentido de un conjunto de conocimientos y valores presupuestos que sostienen una interacción específica o los vínculos de un grupo (así, hay quien “agarra la cura” y hay quien no). Al analizar las entrevistas, quedaba claro que este término coloquial implicaba todo un modo de proceder, una manera de nombrar las posibilidades implícitas del ruidosón.
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5. Un Espíritu Invisible...
(del "Capítulo 1")

«Transcurría el año 2008 en una ciudad violentada por el narcotráfico. Tony Gallardo llevaba no mucho tiempo componiendo canciones para su proyecto Unsexy Nerd Ponies (el nombre tampoco era sexy, pero sí irreverente, que para el caso era suficiente). Su música tenía un estilo ecléctico, entre pop noise y electro-punk, y se presentaba en fiestas caseras, cafés o bares de la ciudad (y de vez en cuando en Chula Vista, California).

Con su actitud DIY (o “hazlo tú mismo”) le bastaba para componer a su gusto con solo su laptop y un micrófono cualquiera. Entonces pensó en componer una canción nueva. “Espíritu invisible”, se llamaría. Sus canciones suelen hacer referencia, aunque sea crípticamente, a situaciones personales y esta no era la excepción. “Espíritu invisible” fue la manera que encontró para exorcizar los conflictos que tenía con su padre, principalmente en relación a sus diferencias religiosas: él, agnóstico, y su padre, ferviente católico.

Sin embargo, la canción tenía algo diferente. Sintió que el estilo, inspirado en música tradicional mexicana y caribeña, no encajaba con la propuesta de Unsexy Nerd Ponies. En diciembre del mismo año, le envió por internet la canción a Moisés Horta y este le respondió con un neologismo y una idea. El neologismo: ruidosón. La idea: empezar a componer música y, eventualmente, hacer fiestas bajo ese estilo.

“El ruidosón básicamente es una palabra”, dice Tony. “Es el estandarte que usamos, es nuestra bandera para ir a hacer música que nos gustaba”. El estandarte aludía a la doble influencia musical: la escena rock noise de Los Ángeles y los sonidos folclóricos “regionales” (sobre todo, al inicio, la cumbia). “El ruidosón es un chingo de ruido con un chingo de música sabrosona”, agrega entre risas. “Esto era lo que decíamos siempre”.

Había, entonces, una fórmula y un estandarte (connotación política incluida). Después: una fiesta, con el título de Nación Ruidosón, en los albores de 2009, incluso sin los proyectos ruidosón. Esos llegaron después: oficialmente, el 21 de mayo de 2009, en la fiesta Ruidosón pa’ la Pasión (realizada en el espacio cultural independiente La Maquila), donde se presentaron los proyectos fundacionales: María y José, de Tony Gallardo, y Los Macuanos, de Moisés Horta y Moisés López (luego se integraría oficialmente Reuben Torres).
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6. ...recorre Tiuana
(del "Capítulo 1")

«Uno podría parafrasear el famoso inicio del Manifiesto comunista de Marx y Engels y decir: Un espíritu invisible recorre Tijuana: el espíritu invisible del ruidosón. Tal vez como provocación o como pura cura. ¿Y si, al menos por curiosidad, leemos la frase en serio? Se da una coincidencia: la frase parece resumir, metafóricamente, el análisis que hemos hecho de los nombramientos de la lengua ruidosón. Solo hay que revisar la frase por partes para volver a ver el procedimiento fiel:

Un espíritu invisible… La paráfrasis pasa del Gespenst de Marx y Engels al Geist de María y José. Es decir: del espectro al espíritu. Un espíritu que además es invisible. En otras palabras: un espíritu que es canción. Con “Espíritu invisible” se manifiesta la configuración estilística (la “estética”, la “línea”, la “pauta”, el “mood”) y la presencia del acontecimiento.

...recorre Tijuana… El recorrido (geht um in) en el Manifiesto subraya aquí su sentido territorial. La intervención festiva es precisamente ese recorrido territorial del Geist invisible del ruidosón, donde la “mentalidad regional” tiene su parlamento y su State of the Union. En la paráfrasis quitamos a Europa y pusimos a Tijuana, pero desde la diáspora del ruidosón bien podríamos haber puesto también a la Ciudad de México, Mexicali o Monterrey. O incluso, dejar Europa, pues a fin de cuentas al menos tres proyectos ya han hecho ese recorrido. Un espíritu invisible tira party en la ciudad…

…el espíritu invisible del ruidosón. Este espíritu es colectivo, e invisible su delimitación. Pero que sea invisible no quita que funcione de manera lógica, con criterios de inclusión-exclusión. Así, el Geist como colectividad de fieles (según el sentido cristiano-hegeliano de “espíritu”) define su adentro, su afuera y sus posiciones liminales, aunque sea implícitamente, con un sistema reglado de iniciación. La lengua ruidosón tiene los nombramientos para ello: “círculo social”, “conexión”, “link”, “asociación”, “acogida”, “amistad”, “janguear”, entre otros.

Pero hay una coincidencia más que se cierne sobre nuestra paráfrasis: la coincidencia en el porvenir. El coro en la canción de María y José repite: “Quiero ser un espíritu invisible”. Como el espectro comunista en el Manifiesto, el espíritu invisible no remite al pasado sino, como diría Badiou inspirado en Lacan, al “futuro anterior” del acontecimiento. En Marx y Engels, el comunismo recorre Europa como espectro no porque ya se ha instalado, por supuesto (si así fuera, no sería espectro), pero tampoco porque haya existido en el pasado y ahora deambule como muerto viviente. Todo lo contrario: el comunismo se manifiesta como espectro vivo en el camino a volverse efectivo. De manera similar el ruidosón.

Es decir, claro que hay ya una presencia efectiva del ruidosón —como una producción estética, como una lista de fiestas memorables y como un conjunto más o menos identificable de proyectos—, pero también hay una conciencia de que el procedimiento-verdad debe ser constantemente reanudado. Esta conciencia, aunque sea vaga, de un potencial indefinido (que “entusiasma”, “sin límites”, “en aumento”) permite revitalizar el acontecimiento: el estilo se reinventa, las fiestas se reelaboran y el círculo social se reconfigura. Así, el ruidosón avanza en su recorrido y estira sus alcances conceptuales. Aun con momentos de estancamiento, hay espíritu ruidosón mientras se crea en el potencial de ampliarlo indefinidamente. Desde esta perspectiva, y una vez más, el espíritu invisible del ruidosón se revela como una cuestión de fidelidad.
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7. Ruidosón e imaginario nacional
(del "Capítulo 3")

«En este sentido, el ruidosón es una propuesta estética que parte de recursos intertextuales aparentemente posmodernos, pero que se resiste a esa lógica de doble rechazo posmoderno (la forclusión de lo simbólico en la esquizofrenia y la represión de lo real en el pastiche [Jameson, 1988]). Nuestra hipótesis es que si el ruidosón alude al imaginario nacional como intertexto es precisamente para rescatar, a través de distintas estrategias estéticas, el antagonismo de lo real y la ideología de lo simbólico como condiciones inherentes a la constitución imaginaria de lo nacional.

Así, desde esta perspectiva, lo nacional se produce en el cruce entre lo real, lo simbólico y lo imaginario, dimensiones que pueden identificarse por separado pero que se anudan en la constitución de lo nacional:

• Lo real nacional define al cortocircuito de la disputa nacional por la dominación simbólica y por la identificación imaginaria. Es el lugar traumático del conflicto y la división, nunca representado ni atestiguado directamente en la experiencia sino por sus consecuencias y efectos secundarios (desigualdad económica, represión social, exclusión cultural, hegemonía política, etc.).

• Lo simbólico nacional se traduce en las relaciones sociales propias de un país reguladas por un gran Otro que no existe como tal sino en tanto que el conjunto de ciudadanos lo entienden como realmente existente. Es el lugar de la performatividad, de las reglas culturales implícitas, del habitus nacional y la clasificación histórica de sus códigos sociales.

• Lo imaginario nacional es el sustento virtual de la relación simbólica de lo nacional y es también la resolución fantasmática del antagonismo real de lo nacional. Entendido como un escenario virtual-fantasmático, el imaginario nacional permite ordenar las imágenes históricamente asociadas a la situación nacional. Es un espacio aparentemente libre de contradicciones, que cancela el conflicto y omite las divisiones; el lugar propio del deseo y de la identificación, que entrecruza lo individual o personal con lo colectivo o público.

Entonces, ¿qué sentido tiene la incorporación estética del imaginario nacional en el ruidosón? Por un lado, el imaginario nacional deja de ser mera virtualidad y muestra sus estrategias de actualización simbólica. Por otro lado, el imaginario nacional deja de ser mero espejo de identificación y evidencia sus conflictos. En otras palabras, en el ruidosón, el imaginario nacional se anuda al simbólico nacional y al real nacional para nombrar sus mecanismos de producción y ocultamiento. El siguiente apartado de capítulos en el libro abordará precisamente estos anudamientos en la estética musical del ruidosón a partir de su modo de incorporar el imaginario nacional desde sus aspectos musicales, religiosos y políticos.
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8. Ruidosón vs. Nortec
(del "Capítulo 4")

«Durante la década pasada a nivel local y global, pero incluso ahora todavía por cierto boom tardío nacional, el referente de Nortec ha sido fundamental para la enunciación de un imaginario cultural de la ciudad. Tijuana sigue viéndose en buena medida desde el filtro de Nortec.

Esta hegemonía discursiva ha sido polémica para varios músicos tijuanenses que no se identifican con el proyecto. Tal es el caso del ruidosón, que en entrevistas o conversaciones han insistido (aunque cada vez menos) en demarcarse de Nortec. Incluso cuando comparten cierta exploración musical similar en su incorporación de elementos de géneros regionales mexicanos, es común encontrar en el ruidosón ácidas críticas a la propuesta estética y cultural de Nortec. [...]

Así, con cierto respaldo periodístico, el ruidosón ha navegado izando la bandera post-Nortec y declarando la muerte cultural de esa generación que los precedió. Sea como sea, ha servido como invitación abierta a que se singularice su propuesta estética, sin pensar en una herencia inmediata.

Entonces, habiendo entendido la crítica del ruidosón a Nortec como demarcación generacional en el campo musical local, cabe preguntarse si acaso también hay una diferencia estética identificable. Antes de resolver esta duda, quizá sea útil escuchar el sentido específico de las críticas a Nortec que los integrantes del ruidosón elaboraron en las entrevistas en profundidad. [...]

En general, vemos que el ruidosón reconoce la propuesta creativa de Nortec hasta donde su incorporación comienza a ser kitsch o meramente pop. El ruidosón toma su distancia cuando perciben (a veces debatiblemente) cierta glorificación exotista o distancia irónica en la forma de incorporar los géneros regionales de la cultura popular regional del norte de México. Por nuestra parte podemos agregar algunas observaciones que quizás ayuden a comprender los sentidos de diferenciación entre Nortec y el ruidosón.

Primero, habría que añadir que, además de las estrategias discursivas de demarcación generacional, también hay una diferencia en la ejecución práctica de los proyectos. Mientras Nortec se organizó a la manera de un colectivo, el ruidosón lo hizo a partir de procedimientos menos explícitos que aquí hemos abarcado con el concepto de la cura (ver capítulo 1). La cura ruidosón ha permitido, aunque sea de manera modesta, la integración de proyectos no contemplados inicialmente como parte de la escena, en tanto que el colectivo Nortec, que contó con varios músicos y artistas inicialmente, ha ido restando el número de proyectos involucrados, por renuncias voluntarias o incluso por expulsiones consensuadas como fue el caso de Panóptica —que registró sin avisar el nombre legal de Nortec, lo perdió en un juicio, fue expulsado del colectivo y ha continuado usando el nombre sin autorización legal.

En segundo lugar, es importante comparar a grandes rasgos las propuestas formales. Aunque en los dos encontramos la incorporación estética de géneros regionales mexicanos, hay diferencia en sus referentes regionales específicos (como mencionó Santos) y en sus contextos culturales aludidos (como argumentó Joey). Los referentes regionales de Nortec son, casi exclusivamente, el conjunto norteño y la banda sinaloense, mientras que en el ruidosón encontramos la cumbia, la música prehispánica, la norteña, la banda, la tecnobanda, la música caribeña, entre otras. Por otro lado, el contexto aludido por Nortec es casi exclusivamente Tijuana y, en general, su vida fronteriza o norteña, en tanto que el ruidosón alude en buena medida a lo que aquí hemos llamado el imaginario nacional. [...]

Finalmente, cabe notar que algunas de sus diferencias están ya sugeridas en la elección misma de los nombres de los proyectos. “Nortec” combina en su nombre el “norteño” y el “techno” —o el “norte” mexicano y la “tecnología” norteamericana, aludiendo con ello a las diferencias e intercambios entre culturas. “Ruidosón” yuxtapone el “son” de la tradición y el “ruido” de la modernidad, refiriéndose así a las ambigüedades y contradicciones al interior de una misma cultura. Estamos, pues, ante dos tipos de fronteras: una exofrontera y una endofrontera, como las hemos conceptualizado antes. Es decir: una frontera intercultural y sincrónica (conflictos e hibridaciones en torno a la coexistencia entre formaciones culturales discretas) y una frontera intracultural y diacrónica (retrospección y extrañamiento en torno al proceso de formación de la cultura propia).

Por supuesto, ni la forma de organizar un grupo de proyectos (colectivo o cura), ni el número de géneros incorporados (norteña/banda o tutti frutti regional), ni la dimensión del referente cultural musicalmente aludido (local o nacional), ni las implicaciones conceptuales de los nombres de los proyectos (Nor-tec o ruido-son), establecen a priori la calidad o legitimidad de una propuesta musical. Si hemos comparado estas situaciones es para tratar de esclarecer las posibles diferencias estéticas, analizables más allá de discursos de demarcación generacional.
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9. Este hogar (nacional) es católico
(del "Capítulo 5")

En el ruidosón «parece evidente que la incorporación estética de los elementos católicos, tanto en las canciones como en los eventos del ruidosón, aparezcan en un sentido extraño. Así, la incorporación se devela como una frustrada estrategia de repetición. Es frustrada en tanto que el contexto de enunciación de esos elementos familiares genera una lectura inquietante de los mismos. [...]

Este proceso de extrañamiento o desautomatización, en el sentido del formalismo ruso, da cabida al posicionamiento político del discurso estético ante la religión. Para entender la posibilidad política de la incorporación artística, conviene volver al teórico cultural Evan Calder Williams. Este escritor llama salvagepunk al ejercicio estético de rescatar el sentido político de las formas culturales mercantilizadas. El salvagepunk, al decir de Williams, es una estética que se opone a “el hueco escalofrío del sampleo posmoderno ahistórico” y permite generar un contexto donde surjan nuevos procesos subjetivos a partir de los residuos viejos. En otras palabras, el salvagepunk apunta hacia un repetir diferente que, en este contexto, caracteriza la incorporación estética del imaginario católico mexicano en el ruidosón.

Justamente en este “repetir diferente” se registra el giro estético que el ruidosón hace del heimlich de la familiaridad cultural al unheimlich del extrañamiento inquietante. Como dice Derrida, el unheimlich freudiano nombra un “asedio irreductible”, espectral: “Lo más familiar se torna lo más inquietante. El hogar económico o ecológico del oikos, lo próximo, lo familiar, lo doméstico, incluso lo nacional (heimlich), se da miedo a sí mismo”. Para el ruidosón —parafraseando el popular letrero doméstico— ese “hogar” nacional es católico. Y sus canciones y fiestas nos hacen habitarlo como casa embrujada, perdida en el tiempo.
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10. La estética necropatriótica
(del "Capítulo 6")

«El necropatriotismo no escenifica el funeral del Estado-nación, sino cómo el Estado-nación puede funcionar también como agencia funeraria. El Estado-nación tiene como base esa contradicción: asume la protección de la vida de sus ciudadanos y, a la vez, sostiene políticas que crean precariedad. Los muertos generados por la explotación y la violencia no son “daños colaterales” del Estado —como sostuvo Guillermo Galván, el secretario de Defensa Nacional durante el sexenio de Felipe Calderón (Ballinas, 2010). En todo caso, hablar de los muertos por la precarización como excedentes del sistema es el sustento ideológico de la política estatal. Administrar la muerte es políticamente redituable y la estética necropatriótica aborda el discurso nacional que sostiene este negocio. [...]

Entonces, la estética del necropatriotismo también se entiende desde este doble sentido:

1. El necropatriotismo como incorporación estética de los símbolos y mitemas que dan forma al contexto nacional de violencia, explotación y muerte. Esto lo podemos apreciar en varias de las canciones de Club Negro (2013), donde María y José explora los personajes (el monólogo del capo en “Rey de Reyes” o del narcotraficante que huye de una orden militar que prescribe su muerte en “Cripta real”), los rituales (la fiesta donde irrumpe el crimen organizado en “Club Negro”, o el ritual sacrificial en su videoclip) y los fetiches (la sudadera favorita del criminal en “Ultra”, manchada de sangre en su último atraco, o los diamantes en la pistola del “Rey de Reyes”) que se han producido a partir de la violencia nacional. Incluso sus canciones de amor están empapadas de esa amenaza violenta (como es el caso de “Granada”).

2. El necropatriotismo como forma de evidenciar estéticamente la manera en que la presencia espectral del peligro legitima al Estado y a su discurso patriótico. Nótese el conteo (por estados y en total) de los muertos en el sexenio de Felipe Calderón en “México: Año Cero”, de Espectro | Caudillo. También se encuentra esta preocupación en Los Macuanos, como en su canción “Sangre Bandera Cruz”, que entreteje violencia, Estado y religión en un mismo programa político, o en “Soldado sin cara”, que sugiere el sentido impersonal del aparato estatal como “monopolio de la violencia”. El control estatal de la muerte también es sugerido desde el estilo musical del necropatriotismo, particularmente en el uso de trompetas militares en “Club Negro” (María y José), “Sangre Bandera Cruz” (Los Macuanos) o el cortometraje documental/musical Ninis Héroes.

Así, en términos generales, llamaremos necropatriotismo a una propuesta estética que se caracteriza por entremezclar los símbolos patrióticos, las imágenes nacionales, los discursos políticos y su ideología mediática, a través de estrategias propias de la música electrónica y los medios digitales y virtuales, como forma de abordar de manera entre crítica y lúdica la situación sociopolítica del país.
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Pilón: El nacionalismo y sus descontentos
(de la "Conclusión")

«La imaginación nacionalista es incierta. No tiene necesariamente una orientación política definida. Esto no significa que su punto de partida sea neutro, pues cualquier forma de nacionalismo carga ya con ciertas determinaciones históricas, condiciones de posibilidad heredadas de la modernidad a partir de las cuales se organiza. Sin embargo, el nacionalismo es altamente voluble al momento de articularse con contenidos políticos, sociales y culturales concretos. [...]

Así, entre la izquierda y el nacionalismo hay una relación compleja, que habría que analizar situando históricamente cada caso. Por ejemplo, ¿por qué es impensable que escuchemos “The Star-Spangled Banner” en una marcha política de izquierda en Estados Unidos (digamos, una del movimiento Occupy en 2011), mientras que la izquierda en México no suele tener problemas con corear el himno nacional y ondear banderas patrias en sus protestas? Con herencias históricas tan diferentes, cada contexto varía los modos de configurar los discursos nacionalistas con sus formaciones sociales de clase, raza o género.

Esto no significa que ante el nacionalismo hay que ser plenamente relativista. El nacionalismo como forma moderna de comunidad imaginada implica ciertas lógicas generales. Benedict Anderson subraya al menos tres: la nación se imagina limitada (por más extenso el territorio y cuantiosa su población), soberana (aspira a la autodeterminación) y comunitaria (se concibe como compañerismo horizontal). Es a partir de estas pautas compartidas que se dan variaciones tan disímiles como las que mencionamos.

Pero esta imaginación se ve necesariamente atravesada por antagonismos reales e imposiciones simbólicas con las que lidia. Cada imaginario nacionalista organiza sus conflictos y regulaciones inherentemente inconsistentes. Es esta coherencia imaginaria de la nación la que vimos que puede confrontarse estéticamente con ciertas formas de intertextualidad dialéctica.

El ruidosón no da un elogio conservador ni un vituperio liberal a los discursos nacionalistas. Es decir, sus producciones estéticas nos colocan ante un imaginario nacional que no se identifica con un nacionalismo naíf (libre de antagonismos), pero que tampoco se critica desde un cosmopolitanismo igualmente naíf (siempre “tan anglosajón y europeo”, como diría Tony Gallardo).

Más bien, el ruidosón reconoce precisamente que, en la situación globalizada contemporánea, no hay una verdadera oposición entre nacionalismo y cosmopolitanismo. Hay también formas “cosmopolitas” (inscritas en el capitalismo globalizado) de imaginar la adscripción nacional, como ha sido el caso en el discurso dominante en México desde el neoliberalismo.

Ante ello, la estética del ruidosón explora las inconsistencias y violencias de las formas tradicionales o globalizadas de imaginar la comunidad nacional en México. Con su música, fiestas e imágenes, el ruidosón echa a andar estas formas históricas de imaginación nacional, pero suspendiendo su eficacia simbólica e introduciendo sus antagonismos reales.
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Frontera documental
y frontera especulativa:
genealogías del audiovisual tijuanense tras el TLCAN


Desde hace mucho tiempo quería escribir un texto que sirviera como repaso general del cine y video en esta ciudad (porque la bibliografía al respecto es injustamente escasa), entonces cuando Alina Peña me invitó a un simposio sobre discursos audiovisuales en la frontera aterricé una idea que para mí es clara: que el audiovisual tijuanense más interesante juega con las convenciones y los límites discursivos del documental y de la ficción especulativa (sci-fi, terror, etc.), y que por más opuestas que estas formaciones parezcan comparten un imaginario neoliberal de la ciudad (sobre todo luego del TLCAN). Ahora ese trabajo se publica en el nuevo número de El ojo que piensa (en su décimo aniversario) y me da mucho gusto compartírselos:

Artículo: https://doi.org/10.32870/elojoquepiensa.v0i18.305
Número completo: http://elojoquepiensa.cucsh.udg.mx/